domingo, 5 de agosto de 2012

Trapos viejos

Por martín Bracamonte

Notas acerca de la vejez de los trapos (1)

Los primeros trapos (no trozos de tela, sino trapos propiamente dichos: rejillas grises, húmedas y sucias, como deben ser) aparecieron en las estepas del Asia Central, o tal vez en Africa, o quizás en Sudámerica a comienzos del Pleistoceno o antes del siglo tercero de la Era Común. En todo caso, son muy viejos. Algunos científicos creen (y también algunos religiosos) que los trapos llegaron en realidad a nuestro planeta al mismo tiempo en que éste se estaba formando, en un meteorito, apoyando así la llamada "Teoría de la Panspermia". Sólo algo es seguro, y es que la taxonomía de estos simpáticos (o apáticos) y útiles animales inmóviles no está del todo clara.

Los zoólogos, por ejemplo, consideran al trapo rejilla común y a las valerinas un tipo de equinodermo plano, emparentado con las estrellas y los erizos de mar. Los botánicos, por su parte, están convencidos de que los trapos son vegetales, o tal vez alguna clase de asociación entre un hongo y un vegetal, como los líquenes. Unos y otros han hecho numerosas investigaciones en el desierto del Mojave, en California.

La mayoría de aquellos experimentos consistieron en torturar a estos desdichados seres de diferentes maneras. Creo que se llegó a utilizar napalm, para justificar el gasto que se destinaba a la Salud Pública. En fin, ¿Qué decir de todos los experimentos inútiles? Ninguno aportó nada, ningún paper ni tampoco ninguna ponencia, a no ser el papel de las numerosas cartas de protesta de los grupos ecologistas, que colmaron los despachos de las universidades. Como las cartas habían sido impresas a simple faz, ese papel se usó para anotar la lista de los mandados.

Notas acerca de la vejez de los trapos (2)

Las pruebas con el carbono 14 demostraron la antiguedad de los trapos. También lo hicieron los estudios de campo de los yacimientos arqueológicos en Turquía y los fondos de los restaurantes italianos de todo el mundo. Al igual que los experimentos crueles con napalm realizados en el desierto del Mojave, en California, no aportaron nada. En todo caso, los trapos son seres quedados, empapados de una cierta pasividad y dados a la melancolía. Son útiles, pero aburridos. Si existe algún otro resultado, aparte de la nada que ya nombramos, entonces los gobiernos mundiales lo mantienen en el mayor de los anonimatos. Queda algo por decir y es una breve reseña histórica acerca del trapo común de cocina. Del trapo de baño hablaremos en otra monografía.

Los nobles franceses del siglo XIII cazaban trapos. No lo perseguían a caballo (como se acostumbraba cazar a los zorros), sino que lo hacían con una varilla muy larga. Con ella extraían el trapo de la cañería y lo sacaban al exterior. Lo bendecían tres veces, para expulsar las influencias malignas. Después a ese paño lo usaban para limpiar las mesas, enviciadas de la grasa de los banquetes y la baba de los reyes, mezclada con la grasa de las alitas de pollo. 

En la antigua Escocia se creía que los trapos eran fantasmas bebés que habían muerto sin bautizar. Cautelosamente, los fantasmas escoceses bautizaban a sus hijos antes de cumplir el año de muertos. Esto lo hacían por una razón: para que los vivos no se los llevaran y fueran convertidos en trapos, obligados a servir en el Mundo de los Vivos como trapos rejilla, limpiando todo tipo de superficies, empapados en el detergente de moda de la época, pobres bebés.

martinbracamonte1987@hotmail.com

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Me llamo Martín Ezequiel Bracamonte. Nací el 19 de marzo de 1987 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Soy periodista y quiero ser escritor. Trabajé en las redacciones de dos revistas masculinas: Maxim (Ed. Televisa) y Hombre (Ed. Perfil), entre los años 2008 y 2012. Pero mi laburo no dice nada acerca mío. Me gusta leer, escuchar música y andar en bicicleta. Y hacer muñecos de papel.

DESTRUCTOR BRACAMONTE

"Martín Rivas y los Tigres de Bengala" en Crónica TV